PATRONOS DE SCHOLA VERITATIS

San Benito

 

«Hubo un varón de vida venerable, bendito por gracia y por nombre» (San Gregorio Magno, Diálogos)

 

La vida de San Benito la conocemos gracias al gran Papa y monje San Gregorio Magno, quien esboza una serie de las principales escenas de su vida. Nació en el antiguo y pequeño pueblo de Sabino en Nursia, hacia el año 480. Es considerado el Patriarca del Monacato Occidental, porque fue su principal legislador. Su hermana gemela, Escolástica, alcanzó como él la cumbre de la santidad. Fue enviado por sus padres a estudiar a Roma, pero temiendo pervertirse con los malos ejemplos de sus condiscípulos y con las pecaminosas costumbres de una cultura en decadencia, se retiró en la soledad en Subiaco donde un monje, llamado Romano, lo vistió con un hábito monástico. Allí vivió durante tres años, completamente solo, consagrado a la oración y a la penitencia, en una gruta que, desde la alta Edad Media, constituye el «corazón» de un monasterio benedictino llamado «Sacro Speco» (Gruta sagrada). Al fin de este período, fue descubierto por unos pastores, quienes extendieron su fama de santidad.

 

El tiempo que pasó en Subiaco, un tiempo de soledad con Dios, fue para san Benito un tiempo de prueba y crecimiento espiritual. De este modo, tras pacificar su alma, se convirtió en artífice de paz a su alrededor.

A partir de entonces, fue visitado constantemente por personas que buscaban su consejo y dirección espiritual. En Subiaco, funda 12 pequeños monasterios, que con el paso del tiempo, fueron destruidos, todos menos uno, el actual monasterio de Santa Escolástica. En 529, a causa de la envidia de un sacerdote de la región, se refugia en Montecasino donde funda un monasterio.

 

En todo el segundo libro de los Diálogos, san Gregorio nos muestra cómo la vida de san Benito estaba inmersa en un clima de oración, fundamento de toda su existencia. Sin oración no hay unión con Dios. En la inquietud y en el caos de su época, vivía bajo la mirada de Dios y precisamente así fue fecundo en esta tierra, como pocos hombres en la historia lo han sido.

 

Para San Benito, la vida del monje se convierte es una unión fecunda entre acción y contemplación «para que en todo sea glorificado Dios» (RB 57, 9). El compromiso primero e irrenunciable del discípulo de san Benito es la sincera búsqueda de Dios (58, 7) en el camino trazado por Cristo, humilde y obediente (5, 13), a cuyo amor no debe anteponer nada (4, 21; 72, 11). En el ejercicio de la obediencia vivida con una fe animada por el amor (5, 2), el monje llega a la humildad (5, 1), a la que dedica todo un capítulo de su Regla (7). De este modo, el hombre se configura cada vez más con Cristo y alcanza su auténtico fin como criatura a imagen y semejanza de Dios.

 

En el año 540 escribe su famosa Regla, que durante toda la Edad Media será la que regirá los monasterios de Occidente.

 

Unos cuarenta días después que San Benito viera el alma de su hermana Escolástica volar al cielo bajo la forma de una paloma, comunicó a algunos de sus discípulos el día de su muerte. Seis días antes les pidió que excavaran su tumba. El 21 de marzo del año 547, con una violenta fiebre, quiso que lo llevaran al oratorio. Tras recibir la Eucaristía, mientras rezaba de pie afirmado por sus discípulos, rindió su espíritu a Dios. Su cuerpo fue enterrado junto al de su hermana, en el sepulcro que él había hecho preparar bajo el altar de San Juan Bautista.

 

Pablo VI, proclamó el 24 de octubre de 1964 a san Benito como patrono de Europa, reconociendo la admirable obra llevada a cabo por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea.

 

Texto de nuestros Estatutos:

 

«De San Benito, Schola Veritatis ha recibido la orientación de toda su vida a la Gloria de Dios, por un camino de humildad y obediencia, continuamente enmarcado en la celebración del Santo Sacrificio y del Oficio divino».

San Bruno

 

« Para alabanza de la gloria de Dios, Cristo, palabra del Padre, por mediación del Espíritu Santo, eligió desde el principio algunos hombres, a quienes llevó a la soledad para unirlos a sí en íntimo amor. Siguiendo esta vocación el Maestro Bruno entró con seis compañeros en el desierto de Cartuja y se instaló allí. » (Estatutos de la Orden Cartujana, 1)

 

San Bruno nació en Colonia hacia 1030 y, siendo aún joven, fue a estudiar en la escuela catedralicia de Reims. Adquirido el grado de doctor y nombrado Canónigo de la catedral, fue designado en 1056 maestreescuela, es decir, Rector de la Universidad. Fue uno de los sabios más renombrados de su tiempo: «un hombre prudente, de palabra profunda» (como dice uno de sus títulos fúnebres).

 

San Bruno se encuentra cada vez menos a gusto en una ciudad donde no escasean los motivos de escándalo por parte del alto clero e incluso del mismo Arzobispo. Después de haber luchado con éxito contra estos desórdenes, San Bruno experimenta el deseo de una vida más entregada a Dios en soledad y silencio.

 

Tras un ensayo de vida solitaria de breve duración, llegó a la región de Grenoble donde el obispo, el futuro San Hugo, le ofreció un lugar solitario en las montañas de su diócesis. En el mes de junio de 1084 el mismo obispo, condujo a San Bruno junto a seis compañeros al valle de Chartreux (Cartuja, en español) que dará su nombre a la futura Orden.

 

Después de seis años de apacible vida solitaria, Bruno fue llamado por el Papa Urbano II al servicio de la Sede Apostólica. Creyendo su comunidad que no podía continuar sin él, primero pensó en separarse pero finalmente se convencieron de seguir adelante. Consejero del Papa, San Bruno experimentaba fuertemente el anhelo de la vida solitaria. Permaneció solamente unos meses en Roma. De acuerdo con el Papa fundó un nuevo eremitorio en los bosques de Calabria al sur de Italia, con algunos nuevos compañeros. Allí falleció el seis de octubre de 1101.

 

Un testimonio de sus hermanos de Calabria dice:

 

« Por muchos motivos merece Bruno ser alabado, pero sobre todo por uno: fue un hombre de carácter siempre igual. De rostro siempre alegre, era sencillo en su trato. A la firmeza de un padre unía la ternura de una madre. Ante nadie hizo ostentación de grandeza, sino que se mostró siempre manso como un cordero».

 

Texto de nuestros Estatutos:

 

«De San Bruno, los miembros de Schola Veritatis han recibido la llamada al silencio y a la soledad, es decir, al desierto, donde Dios purifica y habla al corazón. Este camino de despojamiento afectivo y efectivo de todo lo creado ofrece el marco adecuado para que el alma, movida por la gracia, se vuelva enteramente hacia Dios encontrando solo en Él su ansiado descanso (en latín «quies» o «pax»). Por esta razón la vida de Schola Veritatis incorpora ciertos elementos de la vocación cartujana, como son el rezo de las Horas menores en la celda, la consagración de cada viernes y de las Vigilias de las Solemnidades a la guarda más perfecta de la soledad, y un deseo interior de retornar a la celda siempre que la obediencia lo permita, pues en este lugar «el alma fiel se une frecuentemente al Verbo de Dios y la esposa vive en compañía del Esposo ; aquí se unen lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino» (Estatutos de la Orden Cartujana, 4).»

 

 

Se dirigió posteriormente a París, donde permaneció como estudiante hasta 1248, ganándose rápidamente la confianza de San Alberto Magno. En 1248 se dirigió a Colonia, con San Alberto, quien iba a fundar una casa de estudios para la orden. En Colonia permaneció con él hasta 1252, regresando a París para continuar sus estudios, recibiendo su licenciatura en 1256, siendo nombrado Magister ese mismo año, ocupando su cátedra hasta el 1259, ejerciendo luego su docencia entre Italia y Francia.

 

Santo Tomás de Aquino murió en la abadía de Fossanova el día siete de marzo de 1274 cuando iba de camino al concilio de Lyon. Fue canonizado el 18 de julio de 1323 por Juan XXII. San Pío V, el 11 de abril de 1567, lo declaró Doctor de la Iglesia. León XIII, el 4 de agosto de 1880, lo proclamó patrón de todas las universidades y escuelas católicas.

 

Texto de nuestros Estatutos:

 

« Schola Veritatis goza también de la paternidad de Santo Tomás de Aquino, cuya grandiosa síntesis filosófica y teológica, iluminada por la luz de la Revelación, se ordena a la contemplación de la verdad. Esta síntesis, tantas veces recomendada por la Iglesia (cf. CIC 252 §3; OT 16: Paulo VI, Lumen Ecclesiae; Juan Pablo II, Fides et ratio, 43-44), se presenta hoy como un camino seguro de retorno del entendimiento, estragado y desorientado por las ideologías de la cultura occidental descristianizada, al esplendor de la verdad. Por su paternidad, los miembros de Schola Veritatis, consagran siempre que pueden un tiempo diario al estudio en la celda».

Santo Tomás de Aquino

 

Santo Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, en el año 1225, en el seno de una numerosa y noble familia italiana. Su padre, Landolfo estaba emparentado con el emperador Federico II. Recibió Tomás su primera educación, a partir de los cinco años, en la abadía benedictina de Montecasino, de la que era abad su tío, permaneciendo en el monasterio hasta 1239, cuando el emperador Federico II decretó la expulsión de los monjes. Allí realizó los estudios ordinarios de gramática, latín, música, moral y religión.

 

A finales de 1239 se dirigió a la universidad de Nápoles para continuar sus estudios, permaneciendo en dicha ciudad hasta 1244, año en que, sintiéndose atraído por la vida de los frailes dominicos que había conocido en un convento de Nápoles, ingresó en la orden como novicio. La decisión no fue del agrado de su familia, que hubiera preferido que Santo Tomás sucediera a su tío al frente de la abadía de Montecasino. Enterada su familia de que Santo Tomás se iba a dirigir a Bolonia para participar en un capítulo general de la orden, y que posteriormente sería enviado a París para continuar sus estudios, fue secuestrado por sus hermanos y retenido por ellos durante más de un año en el castillo de Roccasecca, con la intención de disuadirlo de su ingreso definitivo en la orden, cosa que no consiguieron dejándole, finalmente, cumplir su voluntad.

 

Al año siguiente, Santa Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él se lo concedió. Después de un tiempo de espera debido a su corta edad, Dios dispuso su entrada en el Carmelo en Abril de 1888. Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890.

 

Desde su entrada al Carmelo, Santa Teresa desea apasionadamente la santidad. Pero, muy pronto, va a comprobar su debilidad y su impotencia cuando se compara con los grandes santos. Le parecen que ellos son como una montaña mientras ella no es más que un granito de arena. Pero pensando que Dios no inspira deseos imposibles, ella no se desanima. La Palabra de Dios le descubre el camino que ella debe seguir, y que será la gran herencia espiritual que legará a las almas pequeñas que anhelan la unión con Dios: «Si alguno es pequeñito, que venga a Mí» (Proverbios 9,4). Desde entonces Santa Teresita no encuentra ningún obstáculo en su «carrera de gigantes», al contrario, será pequeña y ligera en los brazos de Jesús y será santa por un camino rápido y sencillo. Su misma pequeñez y su confianza en la Misericordia infinita de Dios la llevan a una gran audacia: «Quiero ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que seas Tú mismo mi santidad». Como fruto de esta gracia, Santa Teresita se ofrece «como víctima al Amor misericordioso», lo cual será uno de los actos primordiales de su vida.

 

Después de la muerte de su padre tras una dolorosa y humillante enfermedad, su hermana Celina entra también en el Carmelo. En este mismo año, Santa Teresa se enfermó de tuberculosis. Diez años después de la «Gracia de Navidad», en 1896, llega la «Gracia de Pascua», que abre el último período de la vida de Teresa, con el inicio de su pasión en profunda unión a la Pasión de Jesús; se trata de la pasión del cuerpo, con la enfermedad que la llevaría a la muerte en medio de grandes sufrimientos, pero sobre todo se trata de la pasión del alma, con una dolorosísima prueba de la fe (MS C, 4v-7v). Con María al pie de la cruz de Jesús, Santa Teresa vive entonces la fe más heroica, como luz en las tinieblas que le invaden el alma. La carmelita es consciente de vivir esta gran prueba por la salvación de todos los ateos del mundo moderno, a los que llama «hermanos». Vive, entonces, más intensamente el amor fraterno: hacia las hermanas de su comunidad, hacia sus dos hermanos espirituales misioneros, hacia los sacerdotes y hacia todos los hombres, especialmente los más alejados. Se convierte realmente en una «hermana universal». Su caridad amable y sonriente es la expresión de la alegría profunda cuyo secreto nos revela: «Jesús, mi alegría es amarte a ti» (P 45/7). En este contexto de sufrimiento, viviendo el amor más grande en las cosas más pequeñas de la vida diaria, la santa realiza en plenitud su vocación de ser el Amor en el corazón de la Iglesia (cf. MS B, 3v).

 

En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a su enfermedad. Santa Teresa muere la noche del 30 de septiembre de 1897, pronunciando las sencillas palabras: «¡Dios mío, te amo!», mirando el crucifijo que apretaba entre sus manos. Estas últimas palabras de la santa son la clave de toda su doctrina. El acto de amor sobrenatural, expresado en su último aliento, era como la respiración continua de su alma, como el latido de su corazón.

 

Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925.

 

Texto de nuestros Estatutos:

 

«Santa Teresa del Niño Jesús es la Patrona de sus noviciados. Mediante el camino de la infancia espiritual, ella enseña a simplificar el alma por la humildad y la confianza filial hacia Dios, nuestro Padre. En medio de un ambiente con frecuencia plagado de «voluntarismo» (o molinismo semipelagiano), ella afirma incesantemente, como clave de la vida interior, la primacía absoluta de la gracia».

Santa Teresa del Niño Jesús (Patrona del Noviciado)

 

María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en la ciudad de Alençon, Francia. Hija de Luis Martín, quién era relojero, y de Celia Guerín, quien era costurera, ambos declarados beatos por la Iglesia. En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Las hermanas de Teresita eran Paulina, María, Leonia y Celina; todas ellas fueron llamadas por Dios a la vida religiosa.

 

Tiempo después de la muerte de su madre, fue atacada por una grave enfermedad nerviosa, de la cual se curó por una gracia divina, que ella misma definió como «la sonrisa de la Virgen». Recibió la primera Comunión, vivida intensamente, y puso a Jesús Eucaristía en el centro de su existencia.

 

Cuando Santa Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, ella se sintió inclinada a seguirla por ese camino.

 

Cuando tenía catorce años, su hermana María se fue al convento de las carmelitas igual que Paulina. La «gracia de Navidad» de ese mismo año marca en su vida un giro de 180 grados, que ella llama su «completa conversión». De hecho, se cura totalmente de su hipersensibilidad infantil e inicia una «carrera de gigante». En este tiempo, ella se acerca cada vez más, con gran fe, a Jesús crucificado, y se toma muy en serio el caso, aparentemente desesperado, de un criminal condenado a muerte e impenitente. «Quería a toda costa impedirle que cayera en el infierno», escribe la santa, con la certeza de que su oración lo pondría en contacto con la Sangre redentora de Jesús. Es su primera y fundamental experiencia de maternidad espiritual.

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