VIDA MONÁSTICA

Dionisio Aeropagita decía que “los monjes reciben su nombre (de la palabra griega “monos”, que quiere decir: uno, solo) en razón de su vida de unidad sin división, por la que, alejando su espíritu de la distracción de las cosas múltiples, lo arrojan sobre la unidad divina y sobre la perfección del santo amor”.

 

La vocación monástica es, por consiguiente, un llamado particular que Dios dirige a ciertas almas a consagrarse por entero a El, viviendo separados del mundo, sin estar destinados específicamente a ninguna obra exterior determinada sino colocando la oración en el primer plano de sus ocupaciones cotidianas. San Benito dispone que sus monjes vivan en un cuadro de silencio, liberándolos del mundo exterior por la práctica de la pobreza; de sí mismos, por el voto de la obediencia, y orientándolos hacia la “conversión de sus costumbres”, es decir, hacia la búsqueda constante de la santidad.

 

No existe apostolado tan fecundo como el de la oración, conforme lo testifica la tradición unánime de la Iglesia comenzando por el ejemplo de los mismos Apóstoles hasta las declaraciones más recientes de los Papas. El apostolado exterior no tiene eficacia, sino en la medida en que es alimentado por la oración. Por eso la Iglesia siempre ha defendido estas grandes reservas de oración que constituyen los monasterios.

La razón esencial de ser del mundo, según la Sagrada Escritura y la enseñanza de la Iglesia, es la manifestación de la gloria de Dios; de donde se sigue, por vía de consecuencia, que la función primaria del hombre es la de alabar a Dios. Pero, no pudiendo la inmensa mayoría del género humano satisfacer esta obligación debido a las exigencias de la vida cotidiana, exige el honor de la humanidad y es indispensable para la armonía del mundo, que un cierto número de individuos esté especialmente encargado de esta misión y que, vacíos de las preocupaciones materiales, la cumplan con toda la perfección de que son capaces.

 

Decía San Juan Pablo II: “¡Y vosotros, monjes, mantened viva vuestra espiritualidad, vuestra contemplación mística unida al trabajo, entendido como servicio a Dios y a los hermanos! Vuestra alegría íntima sea la alabanza a Dios por medio de la fuerte y dulce lengua latina y de las sublimes y purificadoras melodías gregorianas. Servid de ejemplo al mundo con vuestro trabajo en el silencio y en la humilde obediencia.” (Alocución en la Abadía de Montecassino).

SOLEDAD Y SILENCIO

 

Reproducimos a continuación un extracto del maravilloso elogio que Dom Guigo I, (+1136) escribió acerca de la vida solitaria, y que expresa bien los deseos y aspiraciones de nuestra vida.

 

«Ya sabéis cómo en el Antiguo y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, casi todos los más profundos y sublimes misterios fueron revelados a los siervos de Dios no entre el tumulto de las muchedumbres, sino estando a solas, y cómo los mismos siervos de Dios, cuando querían sumirse en una meditación más profunda, o dedicarse a la oración con más libertad, o enajenarse de las cosas terrenas por la elevación del alma, casi siempre se apartaban del ruido de las muchedumbres y buscaban las ventajas de la soledad.

 

Jeremías se sienta solitario, porque se encuentra penetrado de la cólera de Dios. Pidiendo que se dé agua a su cabeza y a sus ojos una fuente de lágrimas para llorar a los muertos de su pueblo, solicita también un lugar donde poder ejercitarse más libremente en obra tan santa, diciendo: «¿Quién me dará en la soledad un albergue de caminantes?», como si no le fuera posible vacar a este ejercicio en la ciudad, indicando de este modo cuánto impide la compañía el don de lágrimas. Asimismo, cuando dice: «Bueno es esperar en silencio la salvación de Dios», para lo cual ayuda mucho la soledad, añadiendo luego: «Bueno es para el hombre el haber llevado el yugo desde su mocedad», con lo cual nos da un motivo de gran consuelo, pues casi todos hemos abrazado este género de vida desde la juventud. Y dice también: «Se sentará solitario y callará, porque se elevará sobre sí mismo»; significando casi todo lo mejor que hay en nuestro Instituto : quietud y soledad, silencio y deseo de los dones más elevados.


También Juan Bautista, el mayor de los nacidos de mujer según el panegírico del Salvador, puso en evidencia cuánta seguridad y utilidad aporta la soledad. El cual, no sintiéndose seguro ni por los oráculos divinos que habían predicho que, lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, habría de ser el precursor del Señor en el espíritu y la virtud de Elías, ni por las maravillas de su nacimiento, ni por la santidad de sus padres, huyendo de la compañía de los hombres como peligrosa, eligió los apartados desiertos como más seguros, ignorando cualesquiera peligros y la muerte, por tanto tiempo cuanto habitó solo en el desierto. Cuánta virtud adquirió allí y cuánto mérito, lo demostró el bautismo de Cristo y la muerte sufrida por defender la justicia. Se hizo tal en la soledad, que sólo él fue digno de bautizar a Cristo que todo lo purifica, y de afrontar la cárcel y la muerte en defensa de la verdad.

 

El mismo Jesús, Dios y Señor, aunque su virtud no podía verse favorecida por el retiro ni impedida por el público, sin embargo, para instruirnos con su ejemplo, antes de comenzar su predicación y sus milagros quiso someterse a una especie de prueba de tentaciones y ayunos en la soledad. De él dice la Escritura que, dejando la compañía de sus discípulos, subía al monte a orar a solas. E inminente ya el tiempo de la Pasión, dejó a los Apóstoles para orar solitario, dándonos con esto el mejor ejemplo de cuánto aprovecha la soledad para la oración, cuando no quiere orar acompañado ni de sus mismos Apóstoles.

 

Ahora considerad vosotros mismos cuánto aprovecharon en su espíritu en la soledad los santos y venerables padres, Pablo, Antonio, Hilarión, Benito, y tantos otros innumerables, y comprobaréis que la suavidad de la salmodia, el amor por la lectura, el fervor de la oración, la profundidad de la meditación, la elevación de la contemplación y el bautismo de las lágrimas con nada se pueden favorecer tanto como con la soledad».

"Ut in omnibus glorificetur Deus"

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